¿Por qué la pérdida auditiva empeora con el tiempo: se oye menos y se entiende aún menos?
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¿Ha notado alguna vez esta situación? Un familiar mayor usa audífonos, pero aun así se queja:«Oigo sonidos, pero no entiendo lo que dicen las personas».O tal vez puede oír relativamente bien en ambientes silenciosos, pero tiene grandes dificultades en lugares ruidosos como restaurantes o reuniones.
Esto revela un hecho clave: la pérdida auditiva no consiste únicamente en que los sonidos se vuelvan más débiles. Con el tiempo, también se produce una disminución en la capacidad de comprender el habla, y si no se trata a tiempo, este deterioro puede volverse cada vez más difícil de revertir.
Cómo las señales sonoras se vuelven “borrosas”
La audición normal es un proceso altamente sofisticado. Las ondas sonoras viajan a través del oído externo y medio hasta el oído interno, donde se convierten en señales nerviosas. Estas señales se transmiten a través del nervio auditivo hasta la corteza auditiva del cerebro para su interpretación.
Cuando las células ciliadas del oído interno o el nervio auditivo se dañan —una condición conocida como pérdida auditiva neurosensorial— las señales que llegan al cerebro no solo son más débiles, sino también distorsionadas e incompletas. Es similar a comprimir una imagen de alta definición en una imagen pixelada de baja resolución. El resultado es una audición deficiente, sonidos poco claros y una menor comprensión del habla.
En las etapas iniciales, el cerebro compensa utilizando más recursos cognitivos para “rellenar los vacíos”. Aún es posible entender el significado general del mensaje, pero escuchar se vuelve agotador. Sin embargo, procesar señales distorsionadas de forma continua tiene consecuencias a largo plazo. Con el tiempo, el cerebro ajusta sutilmente su forma de funcionamiento, muchas veces sin que la persona sea consciente de ello.
“Úsalo o piérdelo”: reorganización del cerebro auditivo
El cerebro humano posee una notable plasticidad. Pero esta plasticidad puede actuar en ambos sentidos.
Las investigaciones en neurociencia muestran que la privación auditiva prolongada puede provocar dos cambios principales:
1. Disminución de la función de la corteza auditivaLas vías neuronales responsables del análisis fino del habla —como diferenciar consonantes similares o separar la voz del ruido de fondo— se debilitan gradualmente. El cerebro comienza, en cierto modo, a “olvidar” cómo procesar detalles sonoros que ya no recibe con claridad.
2. Reorganización intermodalLas áreas auditivas poco utilizadas pueden ser ocupadas por otros sentidos, como la visión. Aunque esto puede ayudar a compensar de otras maneras, reduce aún más la capacidad del cerebro para procesar sonidos.
Esto explica por qué muchas personas con pérdida auditiva no tratada durante años se sienten decepcionadas al empezar a usar audífonos por primera vez. Suelen decir:«Ahora oigo sonidos, pero sigo sin entender bien el habla».Los audífonos restauran el volumen, pero el cerebro ha perdido eficiencia en la interpretación del sonido. Volver a aprender requiere tiempo, paciencia y entrenamiento.
Un círculo descendente: aislamiento social y sobrecarga cognitiva
La dificultad persistente para entender el habla lleva a muchas personas a evitar de forma inconsciente las interacciones sociales y los entornos acústicamente complejos. Menos conversaciones significan menos estímulos auditivos, lo que refuerza el ciclo de “úsalo o piérdelo”.
Al mismo tiempo, el cerebro debe esforzarse en exceso para interpretar señales de habla incompletas. Esta carga cognitiva constante provoca fatiga auditiva y puede acelerar el deterioro cognitivo general. Diversos estudios han relacionado la pérdida auditiva no tratada con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Lo que comienza como un problema sensorial puede transformarse gradualmente en un problema más amplio que afecta la salud cognitiva, el bienestar emocional y la conexión social.
La clave de la prevención: intervención temprana y entrenamiento constante
La audiología moderna enfatiza dos principios fundamentales: intervención temprana y entrenamiento auditivo continuo.
Intervención temprana
Si usted o un familiar necesita con frecuencia que le repitan las palabras o tiene dificultades en ambientes ruidosos, no debe retrasar una evaluación auditiva profesional. El uso temprano de dispositivos auditivos correctamente ajustados no solo amplifica el sonido, sino que proporciona al cerebro información auditiva clara y completa, ayudando a preservar la capacidad de comprensión del habla. Es, en cierto modo, una nutrición a largo plazo para el cerebro auditivo.
Entrenamiento auditivo continuo
Después de la adaptación de los audífonos, la rehabilitación auditiva estructurada es esencial. Esto incluye practicar la escucha en entornos progresivamente más complejos, leer en voz alta, participar en conversaciones e identificar conscientemente diferentes sonidos.
El apoyo familiar también desempeña un papel clave. La comunicación cara a cara, hablar más despacio y articular con claridad ayudan a reconstruir la memoria auditiva y a fortalecer las vías neuronales, de manera similar a los ejercicios de rehabilitación para músculos debilitados.
Conclusión: la pérdida auditiva no es un problema menor
Cuanto más tiempo se deja sin tratar la pérdida auditiva, mayor es la probabilidad de oír menos y entender aún menos.
Esto no se debe a una falta de adaptación, sino a que:
los oídos se deterioran y el cerebro va perdiendo gradualmente la capacidad de descodificar los sonidos.


